24 mayo 2010

Exposición de fotografia de Pedro García



“MIRADAS DE ORIENTE”
EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍA
Pedro José Carcía

Galería del Centro Cultural Miguel Castillejo de Jaén
Avda. Madrid 11

Carlos Peris

Pedro José García expone en la Galería del Centro Cultural Miguel Castillejo de Jaén, Avda. Madrid 11 con el título de “Miradas de Oriente” una colección de fotos realizadas todas ellas en la comarca de Yunnan, al sur de China. Son el resultado de un viaje a ese lugar tan exótico, realizado en compañía de dos amigos y compañeros de la Asociación Fotográfica “Santo Reino de Jaén”, Encarnita García y Manolo Ruiz de Quero.

He tenido la suerte de recorrer despacio esta exposición acompañado por Pedro (además casi solos en la galería) con lo que introducirme en el mundo que ha querido trasmitirnos me ha sido mucho más fácil.

Por comenzar, y por ubicarla en un marco clasificatorio, ( no siempre felices y logrados los encorsetamientos de las clasificaciones), el trabajo de Pedro se puede perfilar dentro de la fotografía documental en un sentido histórico y social, a la vez que dentro del fotoperiodismo. Su vocación es captar nuestra atención y mostrarnos estos lugares y personas de tan alto interés histórico, social y étnico junto a sus modos de vida, tan alejados en el espacio y en el tiempo como interesantes y desconocidos para nosotros.

Este trabajo entronca y se encuadra perfectamente en la línea que se ha dado en llamar “retratos ambientados en la realidad” que, iniciándose con Nadar allá por finales del siglo XIX, llenándose poco a poco de vida y expresión continúa con Desideri, Gray…etc. y llega, con la aplicación al fotoperiodismo, a la figura de Salomon y su escuela con su interpretación del retrato ambientado como algo vivo y sin poses. Todo esto da lugar a que la fotografía pase a ser testigo de la historia a la vez que van apareciendo las grandes revistas ilustradas. En este marco surge la avidez por estar presente en hechos importantes, por descubrir lugares y personajes exóticos y por dar a conocer realidades desconocidas. España, sus rincones y sus gentes, ocuparon hasta hace no mucho tiempo bastantes cientos de metros cuadrados de película y de papel dentro de esta tendencia. Esta corriente ha dado grandes nombres a la fotografía pero no se trata de hacer historia sino de entroncar el trabajo de Pedro en esta estela.

Ha viajado a un lugar eminentemente rural, humilde, de costumbres milenarias y de una cerrazón geográfica muy marcada. Ha realizado este viaje buscando este lugar concreto, buscando este tipo de sociedad concreta, es decir ha ido a hacer estas fotos. Y este es el resultado.

Son abundantemente retratos de personas de diferentes edades que aunque en su mayoría se nos muestran con bastante quietud y tranquilidad, sin embargo no son pasivas. Están en un interesante equilibrio entre el relajo que se aprecia en ese rincón del mundo y la ocupación en la que se encuentran inmersos.

Nos hacen participar de la faena que en ese momento realizan y nos invitan a sumergirnos en su tarea. Pedro ha sabido imbuirse de esa cercanía y llama la atención la gran complicidad que se adivina entre el fotógrafo y la persona fotografiada: son casi siempre miradas de frente, a los ojos, sin desconfianzas, nada agresivas, tolerando el acto de ser fotografiadas y confiando plenamente en la intencionalidad positiva de quien está detrás de la cámara.

Ello en los dos grandes bloques (uno dedicado a la infancia y otro dedicado a la vejez, entreverados por alguna que otra toma en edades intermedias) en los que Pedro divide su trabajo. Las personas se enmarcan de forma simbiótica en sus realidades cercanas, sirviéndonos así de documental informativo que nos mueve a leer simultáneamente los dos planos. Ha sabido dar a cada una de las dos realidades - la del fondo y la del sujeto retratado - la parte proporcional justa para crear todos armónicos en cada una de las fotografías. No hay nada “pegado” de forma artificial ni sacado del contexto.

Si desconectamos del ruido de la Avda. de Madrid y nos centramos en silencio de la sala, podremos pasear por calles llenas de barro, mojarnos en sinuosos arrozales, detenernos mucho rato en mercados donde los productos se alinean frente a nosotros en un antiguo y no muy higiénico rito, introducirnos en casas desconocidas que albergan oficios de lo más dispar, entrar en una escuela y pasar un rato delicioso contemplando las miradas huidizas de muchos/as niños/as, cruzar miradas tiernas con ancianas y ancianos, asistir a la práctica de una sanación heterodoxa y desacostumbrada…. nos transportaremos en definitiva a otro mundo muy distinto del nuestro pero que existe aunque nuestra obtusa mirada no lo vea.

Para oficiar esa ceremonia de inmersión han colaborado tres elementos a los que creo que Pedro ha sacado bastante partido. En primer lugar la elección de los personajes y de los lugares que no están tan prostituidos como para forzar situaciones comprometidas y expresiones raras: es posible fotografiar niños/as y no pasa nada, los ancianos/as se dejan grabar por una cámara fotográfica y no pasa nada. Esto no ocurre en otros lugares a no ser que, de alguna forma, se pague por ello. En segundo lugar se dejan ver en este trabajo unas altas dosis de sensibilidad en la mirada de Pedro, tanto hacia los niños, como a los ancianos. Las personas están tratadas con bastante delicadeza y no hay ningún tipo de obscenidad en evidenciar la pobreza, la humildad y el desfavorecimiento social y económico. Y en tercer lugar la maestría técnica que el fotógrafo pone al servicio de su trabajo: los encuadres ayudan mucho a narrar lo que pretende, el tratamiento de las luces que va encontrando es el adecuado, sin forzar nada más que lo justo cuando es necesario, el uso de las profundidades de campo es muy bueno y nos guía suavemente por la foto, no hay fallos en enfoques, quemados, nitidez y demás elementos formales.

Armoniza en este sentido el binomio técnica-expresión que últimamente venimos comentando. Pedro es muy joven, tiene mucho camino por delante y estas fotos podrían perfectamente estar firmadas por uno de los que el mercado ha consagrado como grandes.

Es esta una época fundamentalmente icónica, dominada por imágenes, unas bien y otras malintencionadas, en donde el lenguaje verbal ha dejado paso al icono que se ha constituido casi en el código de comunicación más determinante en nuestra sociedad. Descartando de este análisis los aspectos negativos que de esta exuberancia se desprenden, debemos esperanzarnos en que a través de ellas, de las imágenes, podemos y debemos asomarnos a realidades diferentes de la nuestra y asistir a mundos también diferentes del nuestro. Pedro ha puesto su grano de arena en esta tarea ayudándonos a descubrir esta comarca tan alejada, aproximándonos a sus gentes, reduciendo las distancias y prestándonos sus ojos y sus objetivos para que , si queremos reflexionar, podamos ser un poquito mejores. Gracias por haberlo hecho tan bien y con tanta calidad.